Seguridad del Paciente en Salud Mental: una deuda pendiente
La seguridad del paciente se ha consolidado como un pilar esencial de la calidad asistencial en los sistemas sanitarios. Sin embargo, algunos ámbitos siguen siendo menos explorados desde esta perspectiva. Recientemente ha sido publicado en el Journal of Healthcare Quality Research, un artículo científico escrito por nuestros colaboradoes Santiago Tomás Vecina, Enric Vicens Pons y Blas Blánquez Gómez, donde se analiza la situación de la seguridad del paciente en el ámbito de la salud mental, poniendo de relieve los retos pendientes y la necesidad de reforzar estrategias específicas en este campo.
A continuación puede consultarse el contenido del artículo “Seguridad del paciente en salud mental: una deuda pendiente”.

“Durante las 2 últimas décadas, la seguridad del paciente se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales de la calidad asistencial en nuestro sistema sanitario. Sin embargo, los avances logrados en la atención hospitalaria de agudos o en atención primaria no se han trasladado con la misma intensidad a todos los ámbitos asistenciales. En particular, la atención a la salud mental (SM) continúa siendo una zona de sombra en las políticas, los estudios y las estrategias de seguridad del paciente en España
Los datos disponibles revelan una epidemia silenciosa de trastornos mentales y, a la vez, un vacío en el conocimiento sobre su seguridad asistencial. En atención primaria, los trastornos de ansiedad son los más frecuentes (106,5 casos por cada 1.000 habitantes), seguidos de los trastornos del sueño (81,6) y depresivos (47,8), con una tendencia creciente desde 2016 Estos problemas generan una demanda asistencial cada vez mayor, en la que los reingresos psi quiátricos urgentes alcanzan el 11,4%, un indicador que invita a reflexionar sobre la continuidad de cuidados y la detección precoz de riesgos. Además, y según datos del Instituto Nacional de Estadística, desde el an˜o 2018 hasta 2022 la tasa de suicidio se incrementó en un 20%. Si bien en 2024 se observó un descenso, el suicidio ha llegado a ser la segunda causa de mortalidad externa, siendo especialmente preocupante el incremento de suicidio consumado entre los adolescentes.
Actualmente, España no cuenta con un estudio nacio nal sobre eventos adversos en SM equiparable a estudios realizados en hospitalización, atención primaria, urgencias, unidades de cuidados intensivos o en el ámbito sociosanitario– Estos estudios, aunque valiosos, no capturan adecuadamente los riesgos clínicos, organizativos y éticos propios de los dispositivos de SM: autolesiones, heteroagre siones, tentativas autolíticas y suicidios consumados, uso de medidas coercitivas, errores en psicofármacos, fallos de comunicación y rupturas en la continuidad asistencial. A su vez, la ausencia de un modelo de notificación adaptado a este contexto limita aún más la detección y análisis de los incidentes. Esta falta de información contrasta con expe riencias internacionales, como el National Reporting and Learning System (NRLS) o los informes de NHS Improvement, que cuentan con paneles de expertos dedicados exclusiva mente a analizar incidentes en SM.
En este sentido, en la Encuesta Nacional sobre Cultura de Seguridad del Paciente en Hospitales y Atención Primaria del proyecto SECAFIDISP de 2024, tan solo el 3,5% de los participantes procedía de servicios de SM, y de ellos, solo un 4,5% reconoció haber notificado alguna vez un incidente. La puntuación global de percepción de seguridad (7,2 sobre fue similar a la del conjunto del estudio, lo que sugiere una falsa sensación de seguridad en un entorno donde la cultura de aprendizaje a partir de los errores sigue siendo incipiente.
Las personas con problemas de SM quedan con frecuencia excluidas de los debates y estrategias sobre seguridad del paciente, pese a constituir un grupo especialmente vulnerable. Factores como las crisis psicóticas o afectivas, la dificultad para expresar síntomas, el consumo de sustancias, la comorbilidad física, la estigmatización o el uso de medidas coercitivas constituyen factores que incrementan el riesgo de sufrir daños evitables. A esto se suman las transiciones asistenciales (ingresos, traslados, cambio de profesional), o la transición de una red infantil a la de adultos y/o de drogadicción a SM, que representan momentos críticos para la seguridad y la continuidad de la atención.
Tampoco hay que olvidar que los problemas de SM están estrechamente vinculados, entre otras causas, a determinantes sociales. Es por ello que, desde el Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, se ha elaborado el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027, una estrategia basada en el enfoque de los Quality Rights (https://qualityrights.org/) promovidos desde la Organización Mundial de la Salud, que pueda dar respuesta al malestar psicosocial de la población interviniendo en diferentes niveles del sistema sanitario, potenciando una atención principalmente comunitaria y que garantice el respeto a los derechos humanos, promoviendo una reducción de ingresos involuntarios y del uso de contenciones mecánicas.
La reciente Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS 2025-2035 reconoce por primera vez la necesidad de actuar en entornos asistenciales específicos, incluyendo las unidades de SM. En línea con este enfoque, propone desarrollar planes de seguridad clínica adaptados a las unidades de hospitalización psiquiátrica, incluyendo protocolos para la prevención del suicidio, la revisión del uso de sujeciones, y la mejora de la coordinación entre niveles asistenciales. No obstante, para que este compromiso se traduzca en polí ticas efectivas, resulta imprescindible impulsar un estudio específico que permita dimensionar el problema, identificar factores contribuyentes y diseñar intervenciones preventivas basadas en evidencia.
Desde nuestro punto de vista, es prioritario impulsar estudios específicos, disponer de sistemas de notificación adaptados, formar a los profesionales en la identificación de riesgos y crear herramientas prácticas que permitan detec tar de forma precoz las amenazas para la seguridad clínica, organizativa y legal en el ámbito de la SM, tal como se ha hecho en otros ámbitos asistenciales. Este enfoque, coherente con las estrategias estatales de seguridad del paciente y de SM, debería ser también una línea de trabajo prioritaria para las sociedades científicas, que pueden actuar como palancas clave para impulsar su implementa ción real y evitar que queden en meras declaraciones de intenciones.
En definitiva, la seguridad del paciente en SM debe dejar de ser un punto ciego en nuestro sistema. Garantizarla no es solo una cuestión técnica, sino también de equidad y de derechos. Sin datos, no hay acción y, sin acción, no hay seguridad”
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