Noticias

El reto de evitar el sobrediagnóstico

¿Más es mejor? En muchos ámbitos puede que así sea, pero en el caso de la Medicina no siempre. De hecho, el sobrediagnóstico comienza a perfilarse como un verdadero problema de salud pública si los profesionales sanitarios, la Administración y los pacientes no hacemos nada para atajarlo.

El sobrediagnóstico no es otra cosa que el diagnóstico de una patología que, sin intervención o tratamiento ninguno sobre ella, no causaría nunca síntomas o la muerte del paciente. Así, podemos decir que el sobrediagnóstico “crea enfermos” donde no los hay y les aboca a seguir toda una cascada de intervenciones clínicas innecesarias, pero no inocuas.

sobrediagnosticoTal y como indica un reciente artículo publicado en BMJ Evidence-Based Medicine, el sobrediagnóstico puede producirse cuando hay una enfermedad, pero esta no llegará a provocar daños (sobredetección), o bien cuando se medicalizan experiencias de vida ordinarias a través de definiciones ampliadas de patologías (sobredefinición de la enfermedad).

¿Cuándo hablamos de sobredetección?

Nos referimos a detección excesiva cuando se diagnostican anormalidades que nunca causarán daño, que no progresan o que lo hacen demasiado lentamente como para manifestarse durante la vida de esa persona, o bien cuando son condiciones que se resuelven sin intervención alguna, de forma espontánea.

El mayor uso y la disponibilidad de tecnologías diagnósticas más sofisticadas y precisas contribuye de forma importante a esa sobredetección, por ejemplo, cuando se encuentran incidentalomas, es decir, tumores, en su mayoría benignos, que se hayan de forma casual al realizar una exploración radiológica a un paciente.

Pero también los programas masivos de cribado contribuyen en cierta manera a aumentar la detección excesiva. Y es que aunque el sobrediagnóstico se puede dar en el diagnóstico de cualquier patología, su origen está relacionado con el screening del cáncer. Los tumores de próstata, de mama, de pulmón y de tiroides, así como los melanomas o los neuroblastomas son sobrediagnosticados en ocasiones en los programas de detección precoz. En muchas ocasiones se detectan pequeñas lesiones localizadas que nunca crecerán ni causarán daño al paciente. La pregunta es: ¿deben tratarse y someter a riesgos al paciente si no aumentará la mortalidad por dicho hallazgo?

¿Cuándo hablamos de sobredefinición de la enfermedad?

Son varios los ejemplos que pueden ayudar a entender este concepto. Hablamos de sobredefinición de la enfermedad cuando pasamos de considerar presión arterial elevada en adultos una cifra de 150 mmHg a una de 130 mmHg o cuando modificamos los criterios para considerar a alguien como prediabético. Con la reducción del umbral de normalidad de ciertos factores de riesgo, muchas personas que no eran enfermas, ahora lo son… aunque no lo estén en realidad.

También hay sobredefinición de la enfermedad cuando se amplía la definición de una patología de forma que personas con síntomas ambiguos o muy leves, pasan a ser, oficialmente, pacientes que sufren esa enfermedad.

Del sobrediagnóstico al sobretratamiento: más riesgo que beneficio

Aunque sobrediagnóstico y sobretratamiento no son sinónimos, la realidad es que son términos que van irremediablemente unidos. Si diagnosticamos una “enfermedad” tenemos que tratarla. Y ahí comienza el “viaje” del “paciente”, siguiendo toda una cascada de intervenciones clínicas: tratamientos farmacológicos, cirugías, pruebas, revisiones… que no están exentas de riesgos y de posibles eventos adversos que, de producirse, serán más dañinos de lo que podría haber sido la “enfermedad” diagnosticada. Por todo ello, el sobrediagnóstico se ha convertido en un nuevo factor de riesgo que afecta a la seguridad del paciente, estando íntimamente relacionados

A las consecuencias físicas del diagnóstico y tratamiento innecesario se suman también los efectos psicológicos. Y es que ser considerado como “enfermo” afecta a la persona y, según los expertos, también aumenta su vulnerabilidad. Todo ello sin olvidar las consecuencias económicas: al coste del diagnóstico hay que añadir el de los tratamientos, pruebas e intervenciones que lo siguen.

Un efecto colateral del sobrediagnóstico es el sesgo en las estadísticas de supervivencia, que aparentan ser mayores de lo que en realidad son al calcularse en base al número de casos diagnosticados (incluidos aquellos que no fueran a causar daño ninguno al individuo a lo largo de su vida) y al de muertes producidas (que se mantiene más o menos igual a pesar de la mayor incidencia de la enfermedad). Así, se concluye erróneamente que el diagnóstico precoz funciona y esto, a su vez, anima a realizar más cribados y seguir sobrediagnosticando.

No siempre vale más prevenir que curar

Es difícil creer que, en ocasiones, la detección precoz de enfermedades pueda ser más perjudicial que beneficiosa, pero hay casos en los que es así y tanto los profesionales de la salud como la población y las autoridades sanitarias tenemos que dejar de creer que “más vale prevenir que curar” en todos los casos.

Cada vez más aumenta la preocupación de la comunidad científica acerca del sobrediagnóstico y sus consecuencias. Según las búsquedas en Pubmed, se ha pasado de los 600 artículos en la década de los 80 a los casi 4.000 entre el año 2000 y 2010 habiéndose cuadruplicado los artículos científicos en los últimos 7 años (16.000 acumulados en septiembre 2018).

“Descubriendo” más enfermedades no conseguimos que muera menos gente. De hecho,  como ya apuntábamos en el caso de algunos tipos de cáncer, las tasas de incidencia han aumentado significativamente en los últimos años, mientras que las tasas de mortalidad se mantienen estables en la mayoría de los casos… De ahí podemos inferir que se está produciendo sobrediagnóstico.

¿Y si las herramientas diagnósticas no nos ayudan a distinguir con exactitud los riesgos reales de las anomalías de bajo o nulo riesgo? ¿Y si cuanta más detección precoz realizamos más exponemos a la gente a tratamientos innecesarios y potencialmente peligrosos? ¿Cuánto sobrediagnóstico podemos asumir como justificable para identificar un riesgo real?. Tal vez sería necesario alertar a la población con campañas de comunicación en las que se informe de los daños potenciales, falsos positivos y sobrediagnósticos, a fin de que se tomen decisiones compartidas y responsables entre los profesionales y los propios pacientes.

Created date 22 octubre, 2018 Updated date 22 octubre, 2018 Author Noticias, Seguridad del paciente , , , , ,
Sobre Comunicación FIDISP

Un comentario
  1. AMELIA MARIA PAZ SALAS 8 noviembre, 2018 at 2:56 pm Responder

    DE ACUERDO. SE INICIAN TRATAMIENTOS FARMACOLÓGICOS CON LOS PRIMEROS RESULTADOS DE LABORATORIO, NO HAY CHANCE DE NUEVAS AYUDAS DIAGNOSTICAS PARA DEFINIR DIAGNÓSTICOS. LOS FÁRMACOS AYUDAN AL ÓRGANO AFECTADO Y TAMBIÉN A ÓRGANOS VECINOS. POR ESO LA IMPORTANCIA DE UN DIAGNOSTICO CONFIRMADO.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *