Noticias

La “no seguridad” del paciente también se paga

 

Siempre hablamos de la seguridad del paciente. Tenemos claro que es un principio fundamental de la atención sanitaria y, cada vez más, los profesionales y gestores sanitarios están comprometidos y trabajan en ella. Pero hoy queremos dar un paso más allá y hablar de la “no seguridad” del paciente y de los costes que esta genera al sistema sanitario.

costes de la no seguridad del paciente

¿Qué son exactamente los costes de la “no seguridad”?

La seguridad del paciente es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la reducción del riesgo de daño innecesario asociado con la atención médica a un mínimo aceptable”, teniendo en cuenta que ese ‘mínimo aceptable’ depende del conocimiento de la ciencia, los recursos disponibles y el contexto en el momento en que se prestó la atención. En contraposición, la OMS habla de daño al paciente, definiéndolo como “cualquier daño involuntario e innecesario que resulte de, o esté propiciado por, la atención médica, incluyendo la ausencia de tratamiento médico”. Pero para completar la definición de “no seguridad” creemos que habría que tener en cuenta también aquellos aspectos relacionados con la prevención que se presuponen a la atención sanitaria.

Así, asociado al daño al paciente existe otro concepto: ‘costes de fallo’ (the cost of failure, según la OMS), es decir, la cuantificación en términos de carga de enfermedad (morbilidad y mortalidad), impacto financiero y de recursos en el sistema sanitario.

Uniendo todo ello podemos decir que los costes de la no seguridad son aquellos en que incurren los sistemas de salud para diagnosticar, tratar y rehabilitar a los pacientes que sufren daño, ya sea por la atención médica y todo lo relacionado con ella (pruebas, cirugías, dispositivos médicos, etc), ya sea por la puesta en marcha (o también por la ausencia) de intervenciones no exentas de iatrogenia.

Impacto económico de los eventos adversos

Analizar los costes de la “no seguridad” en su conjunto es una tarea sumamente compleja. Por eso, los estudios realizados hasta la fecha, bien por la administración pública bien por grupos de profesionales sanitarios, se han centrado en parcelas concretas de esos costes.

Si recientemente desde Fidisp hacíamos un repaso por los distintos estudios realizados en España para determinar la incidencia de los eventos adversos (EAs), sus causas e impacto, hoy queremos revisar los datos sobre los costes asociados a ellos.

Y es que además del impacto sanitario de los EAs, estos generan un importante impacto social y, por supuesto, económico. Para poder cuantificar este último en el sistema sanitario español hay que tomar primero como referencia un Informe del Ministerio de Sanidad de 2008 (aunque referido a datos del año 2005) sobre los costes de la no seguridad del paciente y que sigue el esquema del Estudio ENEAS. Como vimos en este estudio las tres principales causas de ocurrencia de un evento adverso estuvieron relacionadas con la medicación, las infecciones nosocomiales o con procedimientos quirúrgicos.

Teniendo esto en cuenta, la revisión bibliográfica del ministerio calculó que los costes de los EAs relacionados con la medicación ascendieron a 882 millones de €, el coste global asociado a la infección nosocomial supuso 910 millones de € y el coste asociado a eventos adversos relacionados con actos quirúrgicos superó los 606 millones de €. Así pues, en el año 2005 el coste sanitario directo de la “no seguridad” ascendió a 2.398 millones €.

En el año 2013 se realizó una actualización de estos datos, relativos al año 2011, que elevan el coste de la no seguridad del paciente hospitalizado a 2.474 millones de € y a 960 millones € en pacientes no hospitalizados. Esta estimación indica que los costes de la no seguridad se situarían en torno al 6% del gasto sanitario público, y eso sin tener en cuenta otras variables relacionadas con los eventos adversos (coste del aseguramiento, pago de indemnizaciones, pensiones, etc) que no están cuantificadas en el estudio del Ministerio de Sanidad ni en la posterior revisión.

 

La inversión en seguridad está más que justificada

Muchos eventos adversos pueden prevenirse sistemáticamente a través de mejores políticas y prácticas. Y el coste de la prevención suele ser mucho menor siempre que el coste del daño. Si tenemos en cuenta que el Estudio ENEAS concluyó que un 42,6% de los eventos adversos registrados podría haberse evitado (y también hay un alto grado de evitabilidad de los EAs en atención primaria y en urgencias)… ¿se imaginan el ahorro que puede suponer la inversión en programas de prevención y de mejora de la seguridad y la calidad asistencial?

 

 

 

Fecha de creación 5 diciembre, 2017 Fecha de actualización 5 diciembre, 2017 Autor Informes, Noticias, Seguridad del paciente, Sin categoría
Sobre Comunicación FIDISP

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *