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Dr. Sebastián Santaeugenia: “En esta pandemia hemos visto que la cultura de seguridad del paciente no es la misma en todos los ámbitos sanitarios, ni sociales”

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), especialista en Medicina Interna, Máster en Gerontología Clínica y en Dirección de Instituciones Sanitarias por la UAB y doctor en Geriatría, el Dr. Sebastián Santaeugenia, es actualmente Director del Programa de Prevención y Atención a la Cronicidad y del Plan Director Sociosanitario en el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña. 

Por su formación, experiencia y trayectoria profesional, el Dr. Santaeugenia es todo un referente con el que abordar algunas de las cuestiones que más han preocupado a los profesionales sanitarios y sociales y a la ciudadanía en general durante los primeros meses de la pandemia COVID-19. Por ello, desde FIDISP hemos charlado con él sobre las consecuencias del aislamiento en personas mayores y el retraso en la atención de otras patologías en pacientes crónicos, entre otros temas. 

  • ¿Cómo ha vivido y está viviendo en primera persona la pandemia COVID-19?

La pandemia ha tenido un impacto enorme en el sistema sanitario y social catalán. Nos ha llevado a una situación de tensión y de exceso de carga de trabajo importante y han sido unos meses realmente agotadores, en los que los profesionales han realizado una labor ingente para dar la mejor atención posible a las personas afectadas.

  • Por lo que hemos podido ver, la población de mayor edad es especialmente vulnerable a la infección por SARS-Cov-2, ¿cómo ha vivido este grupo poblacional la pandemia? 

Sabíamos desde el principio que la vulnerabilidad de las personas mayores frente al coronavirus sería importante, especialmente en dispositivos donde se concentraban este tipo de personas como en las residencias, centros de día, centros sociosanitarios y hospitales de día geriátricos. Una vez pasada ya la situación de pandemia, sobre todo lo que estamos observando ahora en las personas mayores son las secuelas directamente asociadas (al COVID19) o indirectamente (aislamiento o confinamiento preventivo), secuelas derivadas de las intervenciones que hemos tenido que hacer con las personas vulnerables para evitar su contagio.Dr. Sebastiá Santaeugènia

El aislamiento de las personas mayores en habitaciones, la imposibilidad de realizar actividades grupales en las residencias, han hecho aparecer secuelas indirectas en forma de aparición de algunos síndromes geriátricos que impactan en la calidad de vida de los mayores como cuadros confusionales, empeoramiento del deterioro cognitivo  y, sobre todo, a nivel motor, con un empeoramiento de la situación funcional y una pérdida de la autonomía. 

Por ello, ahora estamos trabajando intensivamente para ver cómo recuperar estas pérdidas que han tenido y, sobre todo, planificar -de cara a un escenario de rebrote futuro- cómo prevenir su aparición y amortiguar al máximo el impacto que puedan tener.

  • ¿Cómo están adaptando o reestructurando la atención social y sanitaria a las personas mayores tras lo vivido? 

Ante el impacto de la COVID-19 hemos tenido la necesidad de movilizar al máximo todos los recursos humanos en todos los ámbitos sanitarios y especialmente la atención primaria, que ha sumado un esfuerzo ingente con los profesionales de los centros residenciales. Ahora hemos de hacer una previsión, sobre todo en el ámbito residencial, ya que queremos desplegar en el futuro un modelo de atención sanitario integral más desarrollado que el actual, e integrado (social y sanitario) acordado entre las dos consejerías en el marco del Plan de Atención Integrada Social y Sanitario (PAISS)

Pero esto no se plantea solo por la pandemia, sino porque ya veníamos observando cómo la situación de salud de las personas que hoy en día van a vivir a las residencias es muy diferente a la de hace 15 años.

  • ¿A qué diferencias se refiere. Dr. Santaeugenia? ¿Qué diferencia hay entre las personas mayores que viven ahora en las residencias respecto a las que lo hacían hace 15 años? 

La Ley de la Dependencia es, desde hace años, el elemento clave que garantiza el poder acceder a una plaza residencial. Y esto es posible a partir de la obtención de un grado 2 o 3 de dependencia. Este grado de dependencia no viene por sí solo, sino que viene asociado a una situación de salud determinada. Así, a medida que la fragilidad evoluciona en la persona por el acúmulo de déficits asociados a los problemas de salud del mayor, aparece la consecuencia en forma de pérdida de autonomía personal apareciendo la situación de dependencia.

Así, las personas que van a vivir a residencias son cada vez más mayores, toman más medicaciones porque tienen más enfermedades prevalentes y tienen un mayor riesgo de ingreso en el hospital, de mortalidad y de consumo de recursos sanitarios. Este perfil es radicalmente distinto del de los mayores de 65 años que viven en domicilio. 

Por lo tanto, el actual marco normativo hace que se concentren a personas especialmente mayores (el 50% de las personas que viven en residencias catalanas hoy en día tienen 85 o más años) en un centro residencial, que de por sí ya aumenta el riesgo de padecer más infecciones, de sufrir más caídas, de padecer más cuadros confusionales y más deterioro funcional que aquellos que viven en un entorno familiar domiciliario. 

Si además de concentrar a personas especialmente enfermas en las residencias, aparece un virus de alta transmisibilidad que afecta, sobre todo, a personas vulnerables, el impacto en las residencias es dramático, como así ha sido. Una tragedia que no ha de esconder que de base la morbimortalidad en los centros residenciales en el mundo no es menospreciable: un 22% anual en nuestra comunidad (previa a la pandemia). 

Precisamente sobre estas diferencias acabamos de publicar un artículo en la revista BMC Geriatrics. 

  • Otro colectivo afectado por la pandemia, en cuanto a las consecuencias para su salud, es el de los pacientes con patologías crónicas. ¿De qué forma ha impactado esta crisis en ellos?

En las personas con enfermedades crónicas hemos diferenciado dos grandes poblaciones. Aquellas que podían tener un control diferido a lo largo del tiempo o un control a través de herramientas de tecnologías de comunicación (e-consulta o seguimiento telemático). Y aquellas que presentaban situaciones urgentes no diferibles, como la cirugía por cáncer. En estos segundos pacientes hemos intentado mantener la actividad de forma lo más normal posible y en el caso de los primeros hemos intentado desarrollar medios de contacto profesional-paciente no presencial, algunos de los cuales creemos que han llegado para quedarse.

En el ámbito de atención primaria poco a poco se está retomando la actividad normal de control de las enfermedades más frecuentes: hipertensión, dislipemia, EPOC, etcétera. Pero será un retorno lento y siempre atentos a escenarios de rebrote o cambios epidemiológicos que puedan comportar nuevas directrices.

  • ¿Cómo retomar la «normalidad» en las consultas, tratamientos, cirugías, rehabilitación,… de los pacientes con patologías crónicas? 

Hay que tener en cuenta que estas semanas y meses de estado de alarma y confinamiento nadie ha querido exponerse al riesgo de contagio yendo a un centro sanitario si no era estrictamente necesario. La demanda de asistencia, por tanto, ha bajado muchísimo durante este periodo. La colaboración ciudadana ha sido ejemplar en este sentido aún a riesgo de, por exceso de cautela de la persona, haberse expuesto a una situación de riesgo.

No obstante, en los próximos meses se han de hacer planes específicos y dimensionar cuánto y cómo de rápido hemos de dar respuesta a, entre otra actividad, las listas de espera. Y esto se está haciendo individualizando este retorno a la normalidad proceso por proceso. Hay cosas, como nuevos tratamientos oncológicos, que han de empezar con urgencia. Y en cirugía electiva hemos de buscar esta dinámica en función de la lista de espera del proceso quirúrgico, de la demanda y de la situación de urgencia de forma que podamos retornar a la dinámica habitual lo antes posible. 

Todo ello teniendo en cuenta una posible nueva oleada y cómo podría afectar de nuevo a la actividad asistencial y quirúrgica programada. 

  • Dr. Santaeugenia, ¿qué aprendizajes extrae de la situación vivida? 

Hemos aprendido varias cosas de esta pandemia que, además, deben de servirnos ante un posible rebrote.

  1. Las medidas que se tomaron durante el pico de la pandemia a nivel de cierre y aislamiento probablemente no sean las mismas, incluso en caso de rebrote, a menos que sea del mismo impacto. Probablemente las medidas sean mucho más flexibles, por lo tanto, deberíamos intentar no volver a parar la agenda del día a día del control de las personas afectas de enfermedades crónicas. 
  2. Hemos de desplegar modelos de atención integrados social y sanitarios orientados a proteger a las personas más vulnerables, específicamente allí donde más se concentran, como pueden ser las personas mayores en residencias o en el propio domicilio. 
  3. Hemos de ser mucho más proactivos e intensivos con las campañas de vacunación para intentar mejorar la cobertura poblacional de cara a un nuevo brote de coronavirus y la epidemia de la gripe de cada año. 
  4. Debemos asegurarnos de que el stock de material de protección de los profesionales sanitarios sea suficiente y adecuado para todos los profesionales de cara al futuro. Seguramente haya que buscar un sistema diferente en la gestión de stocks y en la compra de cara al futuro. 
  • ¿Cómo cree que ha afectado la pandemia a la seguridad del paciente en general?

Yo creo que, en este sentido, la pandemia nos ha enseñado varias cosas. Y es que se ha puesto de relieve que la cultura de seguridad del paciente no es la misma en todos los ámbitos asistenciales de salud ni a nivel social.

Creo que la experiencia y la formación continuada en el manejo de herramientas de protección de profesionales y la cultura de seguridad del paciente está mucho más introducida en el ámbito hospitalario que en el resto de ámbitos sanitarios y sociales. Los grandes hospitales, ante el manejo de una pandemia como la actual, tienen una formación sensiblemente superior a otros estamentos u otros ámbitos del sistema sanitario. Además, cuentan con un stock de material superior al de atención primaria o al ámbito sociosanitario o residencial.

Por ello, hemos de hacer una formación rápida e intensiva a aquellos ámbitos que no tienen una experiencia o tradición en la cultura de seguridad del paciente y de protección de los profesionales. En el ámbito social, además, hemos de ayudar a transmitir, a dar soporte y seguridad en el ámbito de las residencias, centros de día, atención social domiciliaria de cómo pueden proteger, dar una atención más segura y cómo proteger mejor a las personas y a los propios profesionales.

Si quiere conocer los resultados preliminares de la encuesta FIDISP sobre seguridad del paciente y del profesional en la epidemia COVID-19 siga el enlace.

Created date 7 julio, 2020 Updated date 8 julio, 2020 Author Noticias , , , , , , , , , , , , ,
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