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Dr. Jesús Aranaz: “La pandemia ha mostrado la estrecha vinculación entre la seguridad del paciente y la del profesional, si se compromete, o mejora, una también lo hace la otra”

¿Cómo ha afectado la pandemia a la Seguridad del Paciente? A esta pregunta estamos dando respuesta desde FIDISP junto a diferentes profesionales sanitarios. Al plantearnos esta reflexión no podíamos dejar de contar con la opinión de un experto en Seguridad del Paciente, reconocido a nivel nacional e internacional:  el Dr. Jesús María Aranaz Andrés.

Dr. Jesus Maria AranazEl Dr. Aranaz es Jefe de Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Universitario Ramón y Cajal y Catedrático de Ciencias de la Salud y Director del Master de Seguridad del Paciente de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

Charlamos con el Dr. Aranaz acerca del pasado, el presente y el futuro de la seguridad del paciente y de la asistencia sanitaria tras la pandemia COVID-19. Al igual que lo hemos hecho ya con Jordi Varela, uno de los mayores expertos en gestión clínica de nuestro país, y con Joan Carles March, codirector de la Escuela de Pacientes de Andalucía.

Mirando hacia atrás la pandemia y viendo como ha sido realizada la asistencia desde su inicio hasta la actualidad, ¿cuáles han sido para usted los principales problemas de seguridad que han ido surgiendo tanto en pacientes afectos por covid19 como los no covid?

Me gustaría hacer una primera reflexión antes de entrar de lleno en la respuesta a su pregunta. Estamos ante una enfermedad que nos ha sorprendido por su presentación en forma de pandemia, yo nunca imaginé que tendría una experiencia profesional de esta naturaleza en toda mi vida, pero a la vez podemos destacar los extraordinarios avances científicos logrados en tiempo récord, tanto desde la perspectiva diagnóstica como de la prevención. Pero no debemos olvidar, como decía Rudolf Virchow, médico patólogo, antropólogo, político y biólogo alemán, que “una epidemia es un fenómeno social que tiene algunos aspectos médicos”. En consecuencia, los determinantes de la salud, que abarcan desde factores ambientales, biológicos, conductuales, sociales, económicos, laborales, culturales y, por supuesto, los asociados a los servicios sanitarios como respuesta organizada y especializada de la sociedad para prevenir la enfermedad y restaurar la salud, se han visto claramente modificados, para todos los pacientes sin distinción. En definitiva, el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) es responsable de una crisis sanitaria, económica y social de una magnitud y trascendencia todavía desconocidas.

Antes de la pandemia la descoordinación entre niveles asistenciales era una de las causas más citadas de la falta de calidad asistencial de los sistemas sanitarios en todos los países, y la sobreutilización de los recursos, definida como la prestación de servicios sanitarios en circunstancias en las que el riesgo potencial de causar daño al paciente supera sus posibles beneficios, uno de los grandes problemas para la seguridad del paciente en los países desarrollados. Se ha documentado que, en el caso de los hospitales, entre el 0,2% y el 15% de los pacientes ingresados sufren eventos adversos como consecuencia de una práctica de bajo valor y, en Atención Primaria, esta incidencia oscila entre el 5% en adultos y el 6% en Pediatría.

Por consiguiente, representa un riesgo indiscutible para la seguridad de los pacientes y, también, una amenaza para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios como consecuencia del incremento de los costes que conlleva. De ahí todas las iniciativas desarrolladas en diferentes países para no hacer aquello que es innecesario, enfocadas originariamente a la desinversión de tecnologías poco eficientes. Ejemplos de estas iniciativas son la Right Care Alliance”, que persigue un sistema de salud universal, seguro y eficaz, centrado en el paciente o la campaña Choosing Wisely”, de la American Board of Internal Medicine (ABIM) Foundation, cuya metodología se ha extendido en más de 20 países y que se basa en la recopilación de listados de prácticas “No-Hacer” propuestas por Sociedades Científicas y de uso dirigido a pacientes y profesionales. 

Durante la pandemia han coexistido las dos, sobreutilización en el caso de los pacientes con COVID e infrautilización en el resto de los pacientes. Yo diría que los pacientes afectos de COVID se han visto especialmente expuestos a los riesgos asociados a la incertidumbre y variabilidad al afrontar una enfermedad nueva, con conocimiento escaso sobre las pautas terapéuticas, lo que ha condicionado sobreutilización de antibióticos no siempre adecuados y pautas preventivas cambiantes en exceso en general, y entre CC.AA. en particular; así como infecciones oportunistas de microorganismos muchas veces multirresistentes. Sin olvidar que el aislamiento al que hemos sometido a los pacientes, junto con el temor al riesgo de contagio por parte de los profesionales, ha podido amplificar los riesgos (deshidratación, úlceras, etc.) que en general se asocian a los aislamientos, tal y como refleja la literatura científica.

Los pacientes hospitalizados sin COVID han sufrido sobre todo los riesgos asociados a la infrautilización, (algunas estimaciones hablan  de que tan solo en las primeras 12 semanas de pandemia, se cancelaron más de 28 millones de intervenciones quirúrgicas -37% cirugías oncológicas- en todo el mundo), que se ha expresado en muchas ocasiones en un peor curso evolutivo de su enfermedad de base por problemas de accesibilidad y/o de seguimiento de procesos crónicos, y una vez hospitalizados, riesgo de infección por SARS-CoV-2, por transmisión cruzada. Por otro lado, harán falta años para poder evaluar el impacto de esta infrautilización sobre el diagnóstico temprano de las patologías oncológicas

Resulta curioso, que haya sido utilizado el modelo del queso suizo de causalidad de eventos adversos, el modelo más extendido y yo diría que representativo de la Seguridad del Paciente, para representar los riesgos de contagio de la COVID. En mi opinión esta es una prueba inequívoca de que la Seguridad del Paciente ya está de pleno derecho insertada en el tejido social sanitario.

Modelo Queso Suizo

 

Dr. Aranaz, a su parecer, ¿cómo ha quedado el concepto de la cultura de la Seguridad del Paciente entre los profesionales y las organizaciones sanitarias después de un año de pandemia y 5 olas de contagios?

De todas las aproximaciones a la Cultura de Seguridad que podemos encontrar en la literatura, la que más me gusta es aquella que la define como un “patrón integrado de comportamiento individual y de la organización, basado en creencias y valores compartidos, que busca reducir al mínimo el daño que podría sufrir el paciente como consecuencia de la atención sanitaria”; y tal y como señala la “Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud” (periodo 2015-2020), las organizaciones comprometidas con la Cultura de Seguridad orientan sus esfuerzos a cuatro aspectos clave: fomentar la Cultura de Seguridad a todos los niveles; evaluar y promover un buen clima de seguridad; aumentar la formación en Seguridad del Paciente y en los llamados factores humanos o factores no técnicos de los profesionales; y desarrollar elementos de seguridad a nivel de unidades clínicas. Durante la pandemia, nada de esto se ha podido hacer.

Desde mi punto de vista, los tres pilares de la cultura de seguridad del paciente son la información, la formación y la comunicación, y están unidos por un puente que es el lenguaje (verbal y no verbal).

Desde el inicio de la pandemia hemos podido leer titulares de prensa del estilo de “La OMS declara al coronavirus, que suma 1000 muertos en china, enemigo público número uno del mundo”, o “La OMS ha pedido a todos los países que sean lo más agresivos posible en la lucha contra el COVID-19”, que aportan poco a la Cultura de Seguridad del Paciente, pero también otros que la favorecen como “Para bautizar al nuevo virus como COVID-19, la OMS ha optado por un nombre que pueda pronunciarse y no aluda a una localización geográfica específica, un animal, o un grupo de personas, para evitar estigmatizaciones”. Son los claroscuros de la Cultura de Seguridad en tiempos de pandemia.

Seguridad del PacienteLíneas de trabajo tan extendidas como asociadas a la Cultura de Seguridad del Paciente, como son los programas de seguridad en los pacientes críticos, conocidos como “proyectos de tolerancia zero«, se han aparcado durante la pandemia. La misma suerte han corrido los programas de vigilancia de la infección relacionada con la asistencia sanitaria (IRAS) o de microrganismos multirresistentes desarrollados por los servicios de Medicina Preventiva o de las prácticas clínicas seguras en cirugía o incluso del uso seguro del medicamento.

La notificación de incidentes de seguridad ha disminuido claramente en todas las CC.AA., y la investigación en Seguridad del Paciente ha cedido el paso a la investigación COVID.

Me gustaría destacar que los avances en Cultura de Seguridad son muy lentos y difíciles de alcanzar, y tal y como refleja la figura que utilizo en mis clases del Máster de Seguridad del Paciente de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), a medida que se avanza en madurez, se incrementa la confianza del paciente, pero si el avance es costoso, el retroceso es muy sencillo.

Con los cambios que ha sufrido el sistema sanitario en algo más de un año y medio, y a su vez la implantación de alternativas asistenciales que se han ido generando (como por ejemplo la teleasistencia, la visita virtual, etc.) es probable que aparezcan nuevas situaciones de riesgo no contempladas hasta ahora.  Pensando en las estrategias para garantizar la prevención de riesgos asistenciales y la Seguridad del Paciente ¿Cuáles son según su criterio los nuevos aspectos que deben ser tenidos en cuenta para garantizar una atención más segura?

La Seguridad del Paciente es un blanco móvil que se ve muy afectado por los cambios en los estilos de práctica clínica, por lo tanto, claro que la implementación de nuevas alternativas asistenciales generará cambios en los riesgos para los pacientes.

En las Ciencias de la Salud en general, y en la Medicina en particular, nos movemos habitualmente en un marco de incertidumbre, cuando aparece una enfermedad nueva, la incertidumbre, que condiciona variabilidad en la práctica clínica, se amplifica. Es por ello que todos los profesionales sanitarios han volcado sus esfuerzos en hacer frente a este nuevo coronavirus; la máxima prioridad de los sanitarios ha sido atajar la crisis provocada por el virus a nivel mundial. Pero, ¿y el resto de los enfermos y sus enfermedades? ¿Han desaparecido por arte de magia?

El colapso de los hospitales y centros de salud ha provocado una disminución de la actividad en las distintas especialidades. Y en ese contexto debemos preguntarnos ¿Cuál es el coste de oportunidad sanitario asociado a esta realidad? Estamos tan centrados en la pandemia, que ni lo tenemos, ni probablemente podamos tener cuantificado. Cuando actualicemos el patrón epidemiológico post COVID, tendremos una realidad sanitaria bien distinta. Esta reorganización asistencial centrada casi en su totalidad en la COVID podría estar teniendo ya consecuencias devastadoras en la atención neurológica urgente y el tratamiento adecuado en las Unidades de Ictus, por poner un ejemplo. Sin ninguna duda que tendrá que dar paso, de verdad y de una vez por todas, a la atención centrada en la persona.

El año 2020 será recordado por la pandemia ocasionada por el coronavirus SARS-CoV-2, que recibió una atención política y social sin precedentes, responsable de más de 250 millones de casos, 5 millones de ellos en España y que ha originado más de 5 millones de muertes en el mundo, de ellos, más de 87.000 fallecimientos en nuestro país.

Si antes de la pandemia teníamos el gran reto de garantizar un sistema un sistema de salud cuasi universal de bajo coste y buena calidad, considerando tanto el envejecimiento y las nuevas formas de envejecer como el E-paciente (paciente activo y preocupado por la Calidad y la Seguridad), ahora, además de resolver los problemas de la infrautilización pandémica, tenemos que poner por fin al paciente en el centro del sistema, a través del imprescindible compromiso de la población. Orientar nuestros esfuerzos hacia una atención a la cronicidad segura y de calidad, abordar con contundencia el problema de la resistencia antimicrobiana y conseguir la integración de la Gestión Sanitaria y la Salud Pública como un binomio inseparable.

La teleasistencia nos acompañará de ahora en adelante y para siempre, pero, de entrada, creo que situar al paciente en el centro del sistema, en esta modalidad asistencial, será más complejo que en la asistencia tradicional. Se me antoja que para superar ese posible desajuste, será necesario implementar nuevos modos de relación “médico-paciente”, y no podemos olvidar que la comunicación deficitaria es una de las principales causas raíz de los incidentes centinela analizados en los diferentes estudios realizados.

Esta pandemia nos ha afectado a todos de una u otra forma. Pero en el caso de los profesionales sanitarios de una manera más intensa tanto en lo laboral como en lo personal. Dr. Aranaz, ¿puede hablarnos de los profesionales sanitarios como segundas víctimas en este contexto y si hay alguna diferencia respecto a otras situaciones en que estos profesionales sean segundas víctimas?

A mi juicio, esta pandemia ha mostrado la estrecha vinculación entre la “seguridad del paciente” y la “seguridad del profesional”, de modo que la segunda es un prerrequisito para la primera, y además guardan una relación directa, si se compromete una también lo hace la otra y si se mejora, la otra también mejorará.

También se ha evidenciado con claridad meridiana que el riesgo infeccioso es bidireccional, el paciente puede contagiar al profesional y viceversa, y dada la incidencia de la infección en sus diferentes olas, los profesionales han estado especialmente expuestos y en gran medida contagiados.

Ahora bien, no conviene confundir términos, debemos diferenciarlos con claridad, el riesgo incrementado del profesional no le convierte en segunda víctima. Recordemos que la definición programática, consensuada y aceptada por la comunidad científica de segunda víctima hace referencia al profesional sanitario implicado en un evento adverso que queda traumatizado por esa experiencia, al no ser capaz de afrontar emocionalmente la situación.

Así pues, son dos riesgos de máxima importancia, y merecedores de la máxima atención, pero bien distintos y con estrategias de abordajes también diferentes.

Created date 28 noviembre, 2021 Updated date 28 noviembre, 2021 Author Noticias , , , , , , , , ,
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